Lo que nos queda por vivir

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Joan Antoni Melé nos enseña en esta corta pero intensa fábula, lo que un sueño muy profundo en el alma puede llegar a empujarnos. Hasta donde queramos. Pero, ¿a qué precio? A mí personalmente me da miedo el desconocido y oscuro universo. Pero esta historia te enseña demasiado gracias a intentar conocer más de él.


Robert, el protagonista de esta historia, soñaba y deseaba desde pequeño con ser un cosmonauta, haciendo referencia al gran Yuri Gagarin, el primero en llegar al espacio.

Con el tiempo se centra en sus estudios, hasta que las ganas de estar entre las estrellas le pueden más que nada en el mundo. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por un sueño? Él lo tiene claro, ¡todo! Lo que sea necesario. Y así fue. Invirtió con esfuerzo, todo lo ganado durante años en un descabellado plan. Ir al espacio en una nave que funcionara a base de agua y energía solar. Loco lo llamaron… Pero él… ¡Él iría al espacio!

Lo logró. Lo logró a sus casi setenta años. Pero... ¿funcionaría? Ahí arriba, solo... Debía permanecer en su nave, orbitando alrededor de la tierra durante veinticuatro horas y luego regresar. Parecía fácil, pero no lo sería.

Un fallo, un error, una equivocación. Robert nunca iba a volver a la Tierra.

¿Qué le quedaba entonces? Conversar vía texto con Shoma, su mejor ingeniero, y también el responsable de informarle de avances o no en un posible rescate, que darían por imposible dadas las circunstancias. Este joven se convertiría durante las últimas diez horas de oxígeno de Robert, en un amigo, o un confidente.

Robert era un solitario. Así que no le importaba en absoluto que la única persona con la que pudiera estar hablando hasta acabarse su oxígeno, fuera un ingeniero. Él consideró que sería como hablar con todo el planeta, ya que era su contacto directo con la Tierra, y millones de personas consternadas por ese trágico final que esperaban.


Una conversación entre dos desconocidos sobre la vida, el amor, el dinero, el tiempo, los deseos, la existencia misma... No quiero hablar sobre los capítulos, pues la introducción que hago ya ayuda a entender el primer tramo de Robert hasta su misión de no retorno. Esas conversaciones hacen que Shoma piense y se pregunte qué hace con su vida, quién es, qué quiere. Pero también le ayuda a conocer un poco más a Robert, ese extraño hombre al que no le dio miedo (o eso parecía) subirse a una nave con pocas posibilidades de mantenerse en la atmósfera y volver.

Personalmente, creo que esta fábula te ayuda a preguntarte si realmente todo lo que hacemos a lo largo de nuestra vida, lo hacemos por nosotros o por los demás, si realmente necesitamos tener más y más, poder, dinero... Creo que te enseña a preguntarte más sobre ti mismo. Te plantea muchas cuestiones que sin estar en una situación como la de Robert, no nos plantearíamos.

Es un libro fácil y rápido de leer. Y aunque no lo parezca, muy fácil de entender.

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