Sueños inevitables

22 de noviembre, 2021 - Micro-cuentos - Comentarios -

No importa el tiempo acostumbrados a un lugar, un ambiente o una temperatura. Al final hay ciertas situaciones en que el mundo se te echa encima sin que puedas evitarlo, y cualquier intento por frenarlo es inútil, estúpido y dañino para la propia integridad mental de uno mismo.

No me preguntéis por qué, pero el tiempo invertido en calmar la ansiedad cuando te despiertas en plena noche tras un sueño inevitablemente doloroso, se hace eterno. Sé que más de uno lo entiende, pero también sé que buscar los porqués es tan inútil, estúpido y dañino como el intento de frenarlos o evitarlos. No importa la cantidad de veces que lo revivas mientras duermes, no importa cuántas veces lo hayas soñado. Cada vez que vuelve se siente como la primera, como si nunca lo hubieras sentido o soñado antes.
Otra estupidez más que la mente humana es incapaz de razonar ni evitar, porque al despertarnos sabemos que no es la primera ni será la última vez que lo soñemos, sintamos y revivamos. Ojalá se pudiera. Ojalá alguien tuviera la fórmula para dejar de tener pesadillas, recuerdos que aparecen de noche sin previo aviso tras irnos a descansar pensando que mañana será un buen día. Pero ese sueño que aparece de repente te destroza para el resto de la noche y del día siguiente.

Todos tenemos este tipo de sueños. Son esos que te hacen temblar cuando una punzada en el corazón te despierta. Esos que a veces te hacen sentir la necesidad de acurrucarte más, taparte más, y darte prisa en intentar calmarte para que deje de darte miedo, o deje de doler. Es inútil. Porque no hay mayor dolor que saber que volverá. Que en algún momento, por desgracia, volverá.
Y seguro que como yo, os preguntáis por qué a veces es tan fácil soñar y ser consciente de ello, de estar en uno, y otras veces tan complicado. ¿Por qué nunca somos capaces de ser conscientes de estar soñando cuando estamos en mitad de una pesadilla? El estrés. La ansiedad. Esos dos grandes enemigos de nuestra cabeza que nos juegan malas pasadas constantemente, están dispuestos a destruirnos mentalmente y hacernos daño. Y no hay mayor y mejor lugar para ello que los sueños, esos en los que pueden bloquear nuestra mente y razón para saber que es solo eso, un sueño. Y cuando nos despertamos, ya es tarde. Es tarde porque todo ese dolor, ansiedad y estrés causado en los sueños, se apodera de nuestro cuerpo a la realidad.

Ojalá fuera todo más fácil. Ojalá no existieran estos sueños inevitables.
Ojalá no existieran los sueños. Porque hasta los mejores, nos hacen darnos cuenta al despertar de que son solo eso.

Sueños.

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